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lunes, junio 28, 2010

Pregunta en color rojo

Dejando por ahora de lado las auto-discusiones acerca de si lo que hago aquí es solo un ejercicio inconstante de ingenua y disfrazada egolatría, me hago una pregunta, un tanto larga pero muy sencilla a mi parecer, que creo necesario que me formule ahora. La naturaleza del origen de la pregunta que a continuación formulo, si bien podría ser algo digno de mención, por ahora me importa un ano.

La pregunta es:

¿Por qué he mantenido la idea de escribir en mis espacios interneteros sólo de los temas realmente intrascendentes, descartando otros temas relacionados con mi vida diaria y las cosas que leo, veo y escucho (por considerar que no son lo suficientemente poco importantes), si no todas, la mayoría de las veces, a sabiendas de que en esa irregular búsqueda sólo he conseguido abandonar este blog por más de tres meses?

Ahora mismo no deseo expandirme en encontrar y armar una respuesta. Quizá intuya que tema responderme, o quizá intuya, por el contrario, que sea mucho mejor y más divertido ir armando esa respuesta reescribiendo en este pedazo de web con que llevo ya un buen tiempo. Quizá intuya incluso que es preferible buscar opciones que impliquen no escribir sobre una respuesta ahora porque podría correr el riesgo de que una respuesta a la carrera me podría saber a mierda más adelante. O Ahora.

Seguiré entonces por el camino de mi segundo quizá. Me suena más. O al menos me suena bonito. Qué va, debo aceptarlo: me suena a que si sigo por ese camino voy a escribir más, y a tener las manos más calientes. ¡Y es que no quiero resistirme a creer en una mentira tan animante!

Jum jum jum jum.





P.D.: Sí, la intención con haber puesto esa pregunta en rojo también era irritar los ojos lectores, aunque en un principio haya pensado esa decisión como una excusa para alargar mi título. Y sí, mentí, la pregunta no está formulada de forma sencilla, y más bien pareciera que mi intención hubiera sido la de confundir y obligar a releer. Y sí, es cierto, esta entrada estuvo muy floja por haberme centrado en una pregunta tan deforme. Caprichos editoriales,qué le voy a hacer...

viernes, febrero 12, 2010

Infierno incómodo

A veces escribir aquí es una molestia. Un infierno, y además incómodo, no sobra decir, por más obvio e inferible que sea el hecho de que un infierno de cualquier religión es, por conveniencia y defecto, y además de muchos otros calificativos, un lugar en extremo incómodo. No sobra decirlo, porque ése es el motivo por el cual escribir aquí es un infierno. Porque es incómodo. y además odioso.

Me explico. Y en verdad que quiero explicarme, aclarar un posible malentendido o pensamiento erróneo acerca de mi afirmación inicial, pues aunque se muy bien que he dicho que poco me importa lo que el lector o lectora piense de mis entradas, se por otro lado que debo admitir que a veces me importa un poco lo que el lector o lectora piense de mis entradas. Así de simple, por ahora.

Ahora viene la explicación, que llega rápido, considerando que quien escribe es hombre de buena voluntad para retrasar, a punta de pseudoneologismos, rodeos verbosos y flojos chascarrillos, la llegada al grano en las entradas que redacta, por puro placer, o por placer puro, como se quiera. Y llega rápido por la sencilla razón de que esta vez debo ganarle al olvido a corto plazo y a la deficiente concentración que a veces padezco (y que pareciera saber el momento 'adecuado' para ser deficiente, menuda carajada), que hacen que haya desviado mi atención en consultar el significado de la palabra chascarrillo y en buscar un par de pastillas de Mareol en mi maleta pero que debo haber extraviado hace más de una semana. Como ven, un complemento adecuado para mi infierno incómodo: las mariposas constantes de la distracción.

Quien tenga y administre un blog conoce la página en la que ha de meter todo su letrerío, la página de la creación y edición de entradas. Esta ventana contiene una cajita en la que se redacta, y viene acompañada de herramientas básicas de procesamiento texto, así como opciones de edición de HTML y otras pendejadas. Las herramientas de procesamiento de texto no me molestan, aunque me habría gustado que Blogger ofreciera más opciones, y aunque a veces he tenido problemas con scripts que no entiendo, por lo general la opción de HTML no me produce mayores dolores de cabeza, además de que es una herramienta que me será de utilidad, en cuanto le encuentre alguna claro. Las otras pendejadas son complementos que no sobran, y que siempre están ahí, pacientes y en actitud de tranquila espera hasta que sean aprovechadas.

Pero es la cajita inmunda la que me produce ganas de jalarme los pelos de la nariz. Y sin enunciar grito alguno.

Maldita cajita despreciable.

Me detengo un momento y la contemplo, para ver qué pasa con ese mínimo (aunque suficiente) infierno que tengo que soportar. Y aparecen, como es comprensible, preguntas como spam.

¿Por qué carayes la cajita está al lado izquierdo de mi monitor, en lugar de aprovechar todo el espacio del mismo? ¿Por qué no puedo moverla?

¿Por qué diantres el cursor se va 'descalibrando' en cuanto va llegando a la parte derecha de la cajita, haciendo difícil la edición?

¿Por qué pústules esta cajita es tan insoportablemente pequeña, y peor aun, sin posibilidades de expansión?

¿Por qué cáspitas esta cajita estúpida no me permite publicar una entrada cuando importo el texto desde el caótico Word 2007, y arroja en su lugar una serie de insultos en forma de notificación de errores de script?

¿Por qué maldivisiones la palabra entera se borra cuando selecciono y sombreo con el puntero sólo una parte de la palabra que quiero borrar?

¿Por qué molestancias los métodos abreviados de teclado de esta cajita tonta (porque esta cajita sí que es tonta) son tan molestos y tan deseosos de que uno meta el dedo en la tecla equivocada al tratar de usarlos, ocasionando desastres chiquitos e irritantes, como los perros chihuahua?

¿Por qué multimanías la vista previa es tan desconsideradamente incorrecta, y casi nunca es un reflejo de la realidad futura de la forma de la entrada?

¿Por qué awqsrgrfxgves la inclusión de imágenes en la cajita causa, mayoritariamente, dolores de cerebro y asfixia en la redacción, cuando sólo trato de acomodar su tamaño y ubicación entre los párrafos?

¿Por qué cadaverbes se borra la palabra siguiente cuando selecciono y sombreo la palabra anterior completa con el objetivo de borrar sólo la que he seleccionado?

¿Por qué, de repente, lo que estoy diciendo lo voy encontrando caótico y enredado? ¿Será porque en verdad estoy en un infierno incómodo?


¡Y entonces qué otra cosa iba a ser, carajo de los carajos!


Lo triste y obvio de todo esto: Sin esa incomodidad infernal, probablemente no habrían entradas de mi parte. Tal vez me guste maltratarme cuando escribo, pensando que de pronto así me sale alguna escritura sana de los dedos. O tal vez... sólo sean ganas de ser terco. Y de alimentar mi terquedad al no partir de Blogger y seguir escribiendo en esta cajita insufrible, porque de todos modos es mi infierno. Y no se si querré compartirlo algún día. Por eso, con comentarlo y llenarlo de preguntas sin querer una respuesta me basta, al menos por ahorita.




Ahh, como me empeño en joderme, en mi infierno incómodo.

sábado, enero 23, 2010

¿Descaro?

Estoy en un blog aparte de éste.

NO se si comentar eso sea un descaro, si sea esa una insulsa intentona en busca de lectores, no se si por el contrario tal acto no sea algo del otro mundo y esté exagerando con ánimos de rasgarme las ropas del desespero, pero no importa mucho; además, me gustaría comenzar a hacer un puente entre ambos elementos, quizá en un futuro eso me sirva. De todos modos será un puente muy pequeño, sutil, escondido entre las montañas, para que le sirva de acceso a los que realmente quieran.

Bueno, lo del puente de pronto es pura falacia. Mencioné eso pero realmente hice el puente porque quise.

Debo aprender a confiar más en esa razón. O al menos saber cuándo no estoy exagerando.


martes, octubre 20, 2009

¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?, Partes III y IV

III



Hace un tiempo se celebró en la ciudad un festival de Jazz, de acceso gratuito y muy buenos invitados. Fue todo un éxito de belleza musical. Mucha gente estuvo dispuesta a pagar el único precio que el festival tuvo: la temprana asistencia a los lugares, para evitar quedarse sin ver y disfrutar. Yo fui uno de ellos: en el segundo y en el tercer día, faltando una hora y media, ya estaba rondando por los alrededores del teatro, acechando un buen puesto —lo cual estuvo muy bien, a juzgar por la cantidad insana de personas que asistieron masivamente—. La verdad no pensaba otra cosa, solo quería entrar. Entré y lo disfruté muchísimo, fue mi momento, mi Nirvana (¿O mi Jazzvana? lo sé, me encantan los juegos tontos de palabras…). Cuando todo terminó y salimos, una amiga nos contó que durante el concierto había sentido orgasmos múltiples. Nos reímos, pero con eso comprendí que esa fue su experiencia. Puede que ella no la buscara como tal, que aquella no hubiera sido su razón para estar allí, pero esa fue. Puede que para otras mujeres la experiencia haya sido más espiritual, más sensorial, no lo sé. Pero es probable también que no hubieran ido por eso; tan solo querrían salir a alguna lado, como todos los viernes, y algún amigo o pretendiente las habría invitado al concierto como parte de una serie de actividades para la noche; les habría insistido en que salieran un rato a ver algo nuevo y luego, más tarde, a tomarse unos frappés o unos cocteles, y luego a bailar en alguna discoteca vía al aeropuerto; o tal vez querían conocer a alguien interesante o ver a una celebridad local o al alcalde, por puro e insensato aburrimiento; tal vez no querían ir pero tuvieron que hacerlo porque al novio sí le gusta el jazz o le causaba curiosidad, y se hubieran sentido culpables, o sus parejas las hubieran bombardeado de reclamos de no haberlos acompañado; o tal vez sí hubieran ido por convicción propia, porque ya habrían conocido el Jazz por medio de algún amigo o por los milagros de alguna emisora alternativa y hayan visto en ese concierto la oportunidad de tener una experiencia viva con esos ritmos que ya aman...

No lo se, no lo se y no lo sé.

Así que lo acepto, me perdí en el laberinto: no sé que le puede ver una mujer a un concierto de Jazz. Solo podré suponer que, para muchas de ellas, el Jazz es un encuentro: con ellas mismas, con el mundo de los sentidos, con el relleno de un tiempo libre que no supieron usar de otro modo. Tal vez lo odien, tal vez lo amen, tal vez lo gocen, tal vez quieran estar en otro lado, el caso es que, como mínimo y casi sin darse cuenta, son consecuentes con el Jazz. Van con una idea concreta, desprevenida y desposeída de una intencionalidad profunda, y luego el Jazz les llega, a las buenas o a las malas, como mínimo de forma imprevisible, sin planes absolutos de lo que sucede; solo son oídos, ojos, notas en el cerebro, almas cubiertas de ritmo. La improvisación de las emociones.


IV


Uhmmm… no se qué mas decir, se me acabó el soporte, se me aflojaron los engranajes. Me aventuraré a improvisar. Ahí va, Un-dos-tres-cuat: las mujeres van a verse a sí mismas convertidas en notas musicales. ¿Que son las mujeres el Jazz? Puede ser, al menos su naturaleza así lo muestra. Yo adoro el jazz, y no quiero vivir sin él. Preguntémosle, en nuestros pensamientos, a Charlie Parker, si no estaría pensando en una mujer cuando tocaba su música. De seguro que el nunca pensó en notas o pentagramas, eso es lo que creo.

sábado, octubre 17, 2009

Nota sobre el escrito '¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?'

A pesar de que me daba algo de pereza conceptual y digital hacer esto, quiero aclarar que el hecho de haber decidido publicar este escrito por partes de la misma forma que hice con el de la libreta y las velas, no hace parte, al menos luego de una reflexión minúscula pero bien lograda, de un intento por hacer rendir el mismo para tener más entradas en el blog (aspecto que a la larga no importa mucho, lo que hace que esta nota carezca de valor, pero como eso importa menos, y como este blog es mio y puedo hacer con el lo que me de la gana, y como lo que hago lo hago siempre sin ánimo de ofender pero sin sentirme culpable si lo hago de todas maneras, dejo la explicación con vida).

Considero que al ser este un escrito de menor tamaño, la mejor idea hubiera sido publicarlo en una sola entrada; he tenido, sin embargo, problemas miles cuando intento pasar las partes desde Word 2007 hasta la caja donde pego el texto para crear las entradas: cuando le daba clic a Publicar Entrada me aparecían mensajes de error con letra blanca y fondo rojo que alegaban no permitir ciertos scripts que venían del formato que Word 2007 le dio al texto cuando se creó el archivo para albergar el escrito. Este incómodo percance, sumado al hecho de que estoy revisando y dando ciertas correcciones y modificaciones medianamente concienzudas a cada una de las partes que conforman el escrito, fueron la razón que me movió a decidir la publicación del mismo por partes, precisamente las mismas partes que el escrito tenía divididas ya antes de tomar la decisión de compartirlo con quien o quienes encuentren este hueco en la atarraya y le presten unos instantes de su valiosa y muy efímera atención.

A ellos, a los que no se asustan demasiado o no se aburren hasta morir con mis escritos, va dedicada, de forma curiosa, esta nota informativa.

¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?, Parte II

II



No quiero que se me acuse de bribón —Y espero que tampoco se me tache de acometer falsas modestias—, así que quiero declarar que no soy ningún experto en lo que se refiere al Jazz; solo he escuchado al camaleón sonoro desde hace algunos años, y he leído una que otra impresión o percepción en revistas o en la atarraya. Y sí, escuché muchas veces el programa de Roberto Rodríguez Silva cuando todavía la HJCK se podía encontrar en la radio FM, y sí, he buscado y escarbado nombres de subgéneros, de músicos famosos, aspectos de la historia del Jazz, retazos, ideas variadas. Pero eso no me convierte en un conocedor del Jazz, en lo absoluto. Ni más faltaba. Y eso es una ventaja, pues me permite ser más abierto a las nuevas formas que cada día va adquiriendo este ser que parece vivo. Y de esta forma se que todo lo que yo viva con el Jazz es algo mío; mi vivencia es mi tesoro, la formación y recreación de mi mundo, lo que por sí mismo me parece ya muy valioso. Me imagino que aquellos que también son tocados de alguna manera por el Jazz tienen también sus formas propias de disfrute. Y eso está bien, porque este arte sonoro es, desde el momento en el que el músico comienza a improvisar, una declaración de individualidad, de algo de egoísmo: por más rara que suene esa palabra última en este contexto, su presencia en la comprensión del modo de sentir de un amante del Camaleón Sonoro es algo inapelable. Porque el egoísmo (sea secreto o no, poco importa) de quienes aman esta música y la perciben a su modo es algo fundamental, es sano, es básico. Y es algo que se debe dar tanto en hombres como mujeres, si es que quieren tener una buena Experiencia Jazzera. O eso es, al menos, lo que quiero y me permito pensar. Y claro, por fortuna esto no es lo único que pienso del asunto.

viernes, octubre 16, 2009

¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?, Parte I

Pues sí, después de más de un año, volví. Dejo ahora, por partes, un pequeño escrito que fue parte de un reto con un amigo, que —no sobra decir— gané sin muchas discusiones. Más adelante hablo un poco de aquel evento.



¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?


I


Se dice que los seres humanos tenemos derecho a quejarnos, así que espero que no les sorprenda si inicio este despropósito de texto con una queja, que no es otra cosa sino el ejercicio de ese derecho tan conveniente para todos. Y es que desde un principio supe que me estaba poniendo en una situación espinosa con esto. Hablar de las mujeres, sea cual sea el color, el sabor o la textura del tópico es, para mi concepto (o para mis miedos latentes, no tengo muchas ganas de averiguarlo ahora), un asunto peliagudo, en cualquier parte del universo y en cualquier momento de la historia de nuestro desprotegido género masculino. Hablar de Jazz (del género musical, que no del juego tradicional colombiano, valga la aclaración y el malogrado chascarrillo) no es menos complicado: se necesita mucho tiempo de entrega a su escucha, análisis y comprensión para poder decir algo más decente y sincero que los lugares comunes del estilo de “Cielos, Coltrane es bueno y Parker y Monk y Taylor también”, y al mismo tiempo se necesita ser lo suficientemente despreocupado como para no creerle a ningún crítico cítrico, ni dejarse llevar por pedantes demostraciones de saber académico de unos cuantos melómanos, a riesgo de perder la sensibilidad por ése tema que nos gustó porque sí, porque nos llegó a donde nos debía llegar. Ahora bien, sumemos ambos temas, y tendremos un laberinto sin cómodo regreso. Ahí me metí yo, sin más hilos de Ariadna que los de la opinión, y más asustado que una vaca camino al matadero. Y todo por aceptar ese reto. Pero no importa, de todos modos vale la pena intentarlo. Además es posible que mi contendor también haya tenido esa angustia que tuve. O puede que no, que solo yo la haya sentido, cosa que tampoco me importa, pues ya tuve mi desahogo. Gracias por comprender, o al menos por no dejar que la furia los carcoma y se les reviente una vena de la cara por leer mis quejas.

miércoles, diciembre 03, 2008

¿Qué quieren que les escriba?

Así lo sugiere el título. No se que escribir, y ese ha sido un problema de los últimos diez meses. Tal vez sea porque aparentemente no tengo lectores, porque no tengo ideas o porque salgo más bien poco o carezco de pareja o algo por el estilo... Y bueno, teniendo un blog, la idea es que uno debería ser un poco más aplicado, en especial si se trata de una actividad de ocio certero; además, supongo que si no tengo lo anterior, deberían sobrarme los minutos para ponerme a teclear y joder por ahí con las letras, claro, si no fuera por ese berraco... Vaya, parece que sí tengo de qué escribir...

Existe algo para mí que es claro, y es que NO es este un espacio para mis confesiones ni para ventilar mis asuntos muy privados -la sola idea de pensar este blog como un diario señoritero online me provoca náuseas-, pero he de afirmar algo, así suene a deja vu tedioso: Mi adicción a Internet se ha manifestado a un punto suficiente como para preocuparme. Prueba de ello es la rutina que he desarrollado, sin darme cuenta, cuando estoy frente al PC y una conexión que cada seis meses se me va haciendo insuficiente para sentirme satisfecho. Describiré ahora la rutina, que fue el pan de cada día por casi un año.

Primero que nada, luego de esperar a que el cacharro prenda y los programas ya no se queden pegados cuando intento abrirles, abro el Firefox de siempre, el MSN de la podrida conciencia y la DreaMula cuando hay algo por descargar, que por lo general casi siempre se da. Acto seguido, reviso la bandeja de entrada del correo, miro quién está conectado en el MSN y hablo con uno o dos contactos mientras abro el blog del Joven Lovecraft para ver si hay viñetas nuevas; a veces escucho algo de música de la que tenemos en el DD o de alguna emisora desconocida, otras veces busco algún divertido y soberbiamente inútil juego en flash, juego unos minutos o unas horas y listo. Nada hay en lo anterior que tenga algún elemento extraño, relevante o distintivo a lo que hace el resto de parroquianos promedio que tienen acceso a la Atarraya: un correo electrónico para revisar y unos 30, 400 o cero contactos con los que hablar... tal vez los otros no visitan a EJL, que en otros casos fácilmente puede reemplazarse por ese cáncer llamado Facebook o el obsoleto Hi5, que ya no tengo. En fin, que sencillamente la Atarraya es un lugar que nutre generosamente a adictos como yo, con tonterías frescas y extravagantes contenidos... tal vez por eso es tan difícil. Tal vez por eso, carajo. O tal vez sea también mi falta de voluntad, mi carencia de autocontrol, de autoregulación... tal vez sea momento de una reflexión y un cambio... o tal vez no. Me da igual. Es más: me gusta escarbar. Gracias a ello puedo encontrar cosas como ésta. Vamos, que hay que verle el lado amable a las cosas...

jueves, junio 26, 2008

La libreta y las velas, parte VIII

VIII

Anuncio en tiempo real que mi tiempo en este lugar esta por acabar. No hay indicios de ser rescatado por algún cliente inesperado, así que la idea del abandono se refuerza. Además ya estoy cansado. Ya fue suficiente. No hay mucho del entorno que contar aun cuando hay mucho del entorno que contar. Ya no quiero, no necesito lo haría por capricho (y eso implica que aparezca escrito algún evento externo destacado) pero aparte de eso ya no me da la gana. El cafetillo éste se está desocupando, y eso que es temprano. Eso apaga las esperanzas de rescate, pero no las elimina del todo. Hasta la última línea conservo la expectativa. Si no sucede nada, no me quejo. No he perdido mi tiempo. Tengo material para mi blog, y ejercité la escritura. Me siento bien con ello. Nadie aún. Puedo irme a mi casa tranquilo (aunque con cuidado, a esta hora no suele ser muy segura esta zona), con mucho para transcribir y editar en el procesador de texto, y con las ganas abiertas de seguir moviendo las manos para crear vida escrita. Nadie se asoma. Hace rato terminé mi último tinto, así que me voy, me voy y me voy, porque tengo que irme, si no, no me iba, pero tengo que hacerlo, con más razón, luego de haber escrito este juego de palabras tan estúpido. Nadie llegó. Lástima. Vaya, 21 páginas de libreta. Adiós y adiós, el ejercicio se acabó. El tiempo que fluye ya no se impone en las letras de esta libreta. Tengo cansancio. Nadie, carajo. Tengo cansancio y una sensación agradable, como cuando una muchacha se queda mirándome, y no me doy cuenta pero mi cuerpo sí lo percibe, y me dan como cosquillas. Ya creo que es hora. Nos vemos.

La libreta y las velas, parte VII

VII

Cuando fui al baño y esperé a que lo desocuparan, hice un paneo rápido en busca de algún conocido y algún puesto vacío. Contemplé la posibilidad de ocupar el hipotético asiento, guardar la libreta y dejar este intento de crónica en este estado de congelación. Nada, solo alguien que se parecía a alguien, dos muchachos que se parecían a otros dos muchachos, y ya. No me sentí mal, pues en ese momento ya me estaba aclimatando. Sin embargo, pude ver en ese paneo (que abarcó una buena parte del cafetín, no, casi todo el cafetín) los micromundos, las islas en lugar de mesas, con los clientes hablando de lo que sea, en completa independencia de su medio, solamente abriendo la entrada al pedir una cerveza o al llegar algún amigo des espacio exterior, cerrándolo de inmediato para seguir con la rochela. Me di cuenta que no había diferencia entre ellos y yo, incluso si estoy solo (¡estoy todavía solo!) y con una libreta fea, anotando carajadas. El micromundo que tengo tiene lo que necesito; no me incomoda lo que haya allí afuera, ni las risotadas, ni la música en volumen anti tertulia, ni el olor estúpido a cigarrillo, y solo marcará mi final el hecho de que ahora no tengo más dinero y que sin tinto comenzarán a verme feo y a ignorarme, presionando, sin ellos saberlo, para que me vaya de aquí… aunque se que esto no solo me pasa a mí, pues a cualquiera de los habitantes de estos micromundos les puede ocurrir que sus créditos para suministros se agoten, y se tengan que ir de esta galaxia, donde correrán el riesgo de quedar ‘desparchados’. Jeje, interesante.

sábado, junio 21, 2008

La libreta y las velas, parte VI

VI


El plan funcionó, a pesar de que olvidé pedir el tinto antes y a pesar de que ahora tengo la impresión de que no hubiera sido necesario; nunca lo sabré, no importa ya. Tuve que esperar poco para entrar al baño y hacer de las mías, pero tuve que esperar más mientras mis manos se secaban, odio escribir con las manos húmedas, a rato se siente todo el entorno pegajoso, y si escribo a mano, la humedad se filtra en el papel y comienza la tinta a correrse, desplegarse y dejar el papel cochino y desagradable, digno de la anotación típica del profesor de primaria sobre el trabajo a manos que se entrega cochino: ‘aseo’ o ‘cuidado con el aseo’. Bueno, todo ha vuelto a una normalidad temporal, fabricada desde mi llegada al cafetillo. Mi segundo y último café ha llegado. La dulce mesera no me miró mientras le daba las furtivas gracias (debe ser por lo furtivas), y de nuevo me encierro en el ciclo de voltear la libreta cada que lleno una página de acelerados garabatos. Sí, ahora estoy cómodo. Este ejercicio es muy interesante. Puedo sentir que de alguna forma me importa un plátano estar solo, y si bien podría parar y guardar la libreta si llegara alguna amiga o alguno de los muchachos, no tengo problemas si eso no pasa. He logrado la microadaptación en un lugar pésimo para escribir. Qué viva la impulsividad.

miércoles, junio 18, 2008

La libreta y las velas, parte V

V


Tres Cuatro Cinco eventos destacados:

1) Ya tengo mi vela personal. Ahora es más cómodo escribir, pues con la mano derecha puedo sostener mi libreta. A veces hay que abrir el hocico y decir las cosas, expulsarlas, hacer que nos defiendan.

2) Por fin entra un conocido al cafetín éste. Me ha saludado y hemos conversado un par de minutos, él de pie, yo aplastado en la silla. Hablamos del fenómeno de los abrazos gratis y de la Feria del Libro. Luego se despidió y se sentó con los suyos, en una mesa ubicada al frente de la salida. Ahora ya no me siento tan solo, aunque a estas alturas eso no es muy bueno, porque también me siento vigilado. Joder.

3) Soy el nuevo hongo (que en el lenguaje urbano significa ‘solitario’) de este café. Se han llevado ya las dos sillas que acompañaban a la mesa-y a mí, de paso-, lo que quiere decir que ya se dieron cuenta. Nunca estuve esperando a alguien, a pesar de que en estos momentos aun conservo la nimia esperanza de que alguien, me conozca o no, llegue y le arranque una silla a otro para sentarse a hablar conmigo, y que todo sea por su cuenta, así que creo que estaré solo por lo que me queda de tiempo y moneda. Por fortuna tal cosa ya no me importa mucho.

4) Regresó la electricidad, y trajo por vez tercera la cortina de música, y nuevamente el volumen está un poco estridente para mi gusto. La doña luz llegó a los 4 minutos de haber llegado la vela, y cuando estaba yo más embebido en la escritura en tiempo real, la boca de la dulce mesera generó viento frente al fuego de la vela y le mató. Me di cuenta de ello porque los restos que colgaban en el aire me entraron en los ojos. No me pasó nada, gracias a los dioses.

5) Estoy en un estado de emergencia creciente. Tengo ganas de ir al baño, y como estoy solo, si me levanto de la silla las aves rapaces que tengo al frente, al pie de la entrada de esta sección del café, me quitan la mesa y sanseacabó, me tendría que ir, y no quiero aun porque hace mucho que no escribo sino para lo necesario, y me siento bien añadiendo letras vagabundas en la libreta barata, y a pesar en el sudor en las manos y la vejiga haciendo pucheros, quiero seguir y tomarme otro tinto o lo que sea, maldito frapé, por su culpa me encuentro en esta encrucijada. ¿Por qué lo pedí, carajo? Tengo que pensar en una estrategia… Ya se. Pido otro tinto, aprovecho que el conocido todavía está echando carreta y se puede estar quedando otro rato para que me cuide la maleta y la mesa, y voy rápido, me descuelgo y regreso poderoso, recupero mis dominios y sigo con el tinto. Es un buen plan, veremos cómo va.

miércoles, junio 11, 2008

La libreta y las velas, parte IV

IV

Parece que aun no se han dado cuenta de que probablemente el único señorito de todo el maldito café que necesita una vela prendida en la mesa todavía no tiene un ejemplar a su lado derecho (si la ponen al lado izquierdo se puede caer). Es culpa de mi crianza: mi padre no pide a gritos las cosas cuando no se las traen a tiempo (al menos en cuanto a los restaurantes), solo se queja con los que le acompañan y al final dice que no vuelve a “ése sitio donde son tan groseros”. Me pasa igual, aunque yo no me quejo con otros, total, es mi responsabilidad si no me quejo. Supongo que en ese caso debería haber buscado una forma de llamar la atención menos extraña que la de ahora, iluminando la libretita con la linterna, escribiéndole encima, desesperado. Si la hubiera pedido hace un rato ya la tendría en estos momentos en mi mesa, y entonces ya no tendría que escribir sobre esto. Bah, no me importa, no me incomoda mucho. Bueno, tal vez un poco, pues ahora mi mano derecha se está agotando por sostener la linterna-celular y está sudando; también yo estoy sudando; la libreta se me mueve con cada rápido lapicerazo; y ahora siento que los presentes me miran a hurtadillas y se están burlando del loquito que escribe y escribe como un loquito. Anuncio en tiempo real, señoritas y señoritos (tanto por condición como por convicción), me estoy cansando. Cansando y temblando. Voy a pedir una vela, carajo.

lunes, junio 09, 2008

La libreta y las velas, parte III

III

You know that it would be untrue
You know that I would be a liar
If I was to say to you
Girl, we couldn't get much higher
Come on baby, light my fire
Come on baby, light my fire
Try to set the night on fire…

Ahora me detengo un momento para presenciar con mis oídos el solo de teclado de Manzarek.

(…)

Mientras pasa la canción, me doy cuenta que el estéreo de la canción es fiel a la sesentera costumbre de separar los instrumentos entre los dos parlantes, y eso hace que el solo de guitarra o cítara (o de guitarra simulando cítara, no lo sé) esté mostrándose al otro lado del café, y solo pueda escuchar un tenue sonido de psicodelia desde mi asiento. En la mitad del segundo solo, la electricidad se rebeló de nuevo y se fue llevándose a los Doors con ella. Como hace rato que se habían llevado ya las velas, confiados en que tendrían una luz juiciosa, estoy en estos momentos escribiendo estas líneas con la luz de la linternita de mi celular. Nunca me has fallado… gracias, N**ia 1108.

En las mesas del fondo detrás de mí y como a dos metros y medio, un grupito disidente del silencio hizo sonar una musiquita de emergencia, con un aparatito que jamás veré. El toque de música industrial se ve extraño aquí, pero al menos hay una cortina. Uhmmm… afuera todo se puso muy oscuro, parece que un apagón se hubiera devorado media ciudad, y ahora me da miedo irme. Solo si me entra el espíritu aventurero salgo a la calle, con la luz de mi fiel celularcito y la de los carros y motos que no dejan de pasar ni con los apagones. Si eso no pasa, pido otro café.

sábado, junio 07, 2008

La libreta y las velas, parte II

II

Antes, el problema era la ausencia; ahora es la exageración. Le han sabido subir el volumen a esos condenados parlantes, como si todos aquí estuviéramos internados en una selva, a varios metros de distancia de los bicharracos ésos… he de agradecer que al menos no se ensañaron tanto como otras noches… caramba, serán sordos y odiarán la voz baja estos (in)eficaces…

Ya han pasado varios minutos, y cada vez me voy sintiendo más solo. Tengo ganas de irme a mi casa, pero ya no puedo: me acaban de plantar la taza de tinto justo en frente (y casi que en mi frente), como si me hubieran puesto un cronómetro prendido. Ni la dulce mesera que me trajo la taza se dio cuenta de lo solo que estoy… o tal vez sí, no le importará… ohh, pobre yo… bueno, basta ya de autocompasiones, no sirven ni para un día de permiso en el trabajo.

jueves, junio 05, 2008

La libreta y las velas: introducción y parte I

El siguiente texto lo escribí el 4 de junio de 2008, al nacer la noche. Me divertí como enano escribiendo, pues no recuerdo haber hecho algo semejante. No me he inventado nada nuevo en torno a las teorías literarias, solo ejercité la mano, pero eso es lo que me alegra... El texto tiene 8 partes; conforme vaya dejando la pereza, iré transcribiendo cada parte y la iré subiendo, cada una en un nuevo post. Subiré las partes con apenas algunas correcciones, por lo que si alguien tiene alguna observación, juicio o querella con respecto a las partes que vayan apareciendo, lo puede comunicar en tranquilidad, vamos, que no muerdo. En cuanto tenga todas las partes en el blog, haré un nuevo post con el texto completo, con revisiones, añadiduras y lo que se enrede en el camino. Nos vemos.



La libreta y las velas (título tentativo)


I


Algo bueno que he notado de las libretitas, agendas de bolsillo y similares, es la capacidad de poder usarlas en cualquier parte, sin tener que verse encartado por su tamaño en el caso de las agendas grandes, sin tener que abrir la cubierta dura y sin tener que correr el riesgo de pensar en ésas posibilidades que evitan de esta forma escribir y dejan escapar miles y miles de letras con buenas intenciones, por el orgullo imbécil de no querer anotar por el hecho de tener una agenda demasiado grande para los sucesos espontáneos... Es una pena que no haya notado tal detalle sino hasta este momento, cuando me encuentro a la luz de una vela en un Café del centro (vela puesta no por el hecho de agregar el ambiente taciturno que al Café le hace falta sino por conflictos con la electricidad, pero que en la noche de hoy le sienta de maravilla), con un frapé al lado derecho y completamente solo (vaya que puede uno sentirse solo aun con las gentes por todos lados, como si fueran ratones con queso), y me dieron ganas de escribir acerca de lo que estaba percibiendo en el cafetín de siempre con espermas en lugar de focos, por la ausencia de luz eléctrica; la sensación es... uhmmm... volvió la electricidad, y ahora el lugar parece lo que parece siempre, un restaurante familiar con ambiente tradicional (escribir en tiempo real es extraño, y más cuando el norte del texto cambia conforme el entorno también cambia), y ahora que la música cambió de lugar con la ausencia de luz, tenemos eso, el vacío sonoro, ése que se siente raro, como si se necesitara una "cortina" y no se tuviera cuando se necesitara... y ahora la música vino un rato y volvió a irse, y su partida parece sincronizada con la llegada de un hombre extraño, que repartió unas hojas por las mesas de atrás, pidiendo colectas sobre qué se yo (no leí lo que había en el papel, solo se lo devolví al señor), incomodando a los dueños del Cafetín y algunos de los que estamos sentados, solos, escribiendo cosas en tiempo real en una libreta barata -muy barata, agrego-, sobre una mesa del tal Café.

sábado, mayo 31, 2008

Lo que me de la gana

He dejado a la deriva a este pedazo de bits tantas veces que ya no importa si me disculpo o no. ¿Para qué hacerlo, si no hay un sentimiento de culpa suficiente como para retomar en el acto la tarea de escribir aquí? Pienso que, aunque conviene mucho el pedir disculpas a los efímeros lectores, en caso de que en algún instante de sus vidas el hecho de no encontrar nuevas entradas en este blog les resultara ofensivo, ésas disculpas corren el riesgo de no lograr el cambio, así que se quedan por ahí, esperando el momento en el que se conviertan en disculpas efectivas, en las Súper-Disculpas que salvan al mundo de momentos incómodos, aun sabiendo que jamás llegarán a ver la luz. Sencillamente he decidido hacer lo que me de la gana con este blog, aunque supongo que eso es lo que he venido haciendo en todo este tiempo. Hehehehe, qué bien eso de tener un medio con tanta libertad... sé que no es total, que varios bloggers han posteado temas censurablemente sabrosos y han perecido para la atarraya por decir lo que querían; aun así, tener un blog es una experiencia de libertad muy estimulante. Tengo la libertad de escribir lo que quiera, dejarlo sin correccicones, ponerle los colores que quiera a la plantilla y postear mil veces en un día o abandonar el blog, dejarlo a la deriva. Saber que se puede hacer todo eso es enriquecedor, digo yo. Si no están de acuerdo, les encargo un rábano, que no he visto uno. Nos vemos, de pronto posteo algo en estos días, o hasta que se me pase la euforia de la sensación de libertad bloguera...

miércoles, septiembre 12, 2007

Problemas y resoluciones

Cuanto más ando los caminos del bloggerismo, más me voy comiendo el cuento. No llevo ni dos meses y ya tuve la primera preocupación relacionada: la resolución de pantalla. Les planteo la situación a manera de charla casual, para no complicarnos.

He visto que la resolución de pantalla más usada por los usuarios es la de 1024 x 768, pero como mi hermano y yo compartimos este pedazo de chatarra, y como mi hermano se queja de que está más emproblemado con la visión que yo, nuestra resolución es la de 800 x 600, cosa que afecta mucho nuestra visión virtual. Con esta resolución vemos las cosas en pantalla más grandes, más gruesas, más macizas, y todo lo que creamos lo vemos grande, grueso, macizo... el problema es que no toda la gente visitante e itinerante que pase por este blog verá las cosas de la misma manera que nosotros, y por esto suceden cosas feas como que, por ejemplo, el Header del blog se vea muy chiquito y se corra hacia la izquierda. Y todo simplemente porque mi resolución es una y la de otros es otra, por más coloquial que llegue a sonar. La situación, puesta como metáfora, resulta muy adecuada, pues expresa la idea de que todos tenemos una perspectiva deferente para mirar las cosas, y que es muy difícil que otros vean las cosas como nosotros las vemos. Tan solo hay una cosa, y es que la tal metáfora, aunque muy bonita, no me interesa en lo absoluto. Sólo quiero tener el tiempo suficiente para arreglar mi header o crear otro para este blog, y mientras tanto, quito el header y dejo el título con la leyendita así nada más, hasta que me encuentre con algo más presentable.

Como pueden ver, ya me he comido el cuento. Y hasta con digestión incluida.

domingo, julio 29, 2007

Encriptado

Hfgdrg Osdfsdf Ladfdfg Asdfsdf. Ewsard Sylbumn Ttryerf Euiouktyb Msdfwef Ewefwrf Nqwrhg Sdfhyuoyi Adfeg4thbrtg Jefetgf3wt Ewefwrwretgdrf3 Iwr3tgxdf2eet Nwerwe Dyr6y Idcd Cereryy Awefwerqe Qwe Utye5y5 Eerr32r Mrtuurth Iewtu Cuiouii Rsdfw4 Ewefer Afertg Tdf3t I45e4tert4 Vvfvdfv Isrtwet Dtyrhvef Advdfghdg Dfefgdth Apaeodfu Nidfgifuj Dpoefuif Adfgrth Bweeu Aqweergerg Jwdfw Awetetyrth3g Prtrgg Oytyryh35t Rerg Eertrtye Sdfegerwrt Tuiouiof Oqweqer Swefwr Dtyi Ísdfsdwrf Awetwrt Swrtyu, Asdfsft Seet Íqwrrt Qweret Ue Eerr, Poeito9i Odfedfgdtg Rsdsdfdf Fsdertr Asdfsdfwer Vwsd Oqwwe Rweteyrtwe, Mwerwe Iwerertetg Lretu56y Dfsdwer Iweretg Ssdsdf Cerrtr Urtrtert Lqwwrg Pdyghj Aefrtty Serfdfg. Eeyretgw Sdgedfg Pvdfgetg Eqwef Rdfhghjgh Oñuikyjrt Qfrtuyu Ufgdfgrt Efgdtyrt Eertey Serttt T435r Aetrtet Seerttg Eertggd Qerter Urtegey Írtyrf Aetrtgsd Aertrt Cert Agfdfghrt Berretyg Ee5yrey Petyrty Rgwet Oerterw Nryrtbdfg4 Ttytygbt Oyhtyty...

martes, julio 24, 2007

El tema del tema

Me he dado cuenta de que, para poder escribir algo con un mínimo de sentido, resulta necesario encontrar un tema. No existe un texto sin tema, al menos desde mi concepto. Uno puede garabatear en un papel algo totalmente incomprensible, como si por ejemplo yo me pusiera a chuzar teclas al azar y me saliera en la pantalla algo así como "dfgoh34987sdfvijh34r9876sdgff", y sin embargo, en ese disparate, se escondería un tema. Es posible que un autor de un texto no tenga la más mínima idea de cuál ha sido el tema de lo que ha escrito, pero eso no significa que haya una ausencia. Para mí, el hecho de que un escrito se pueda leer, por más estúpido, simple o escueto que parezca. Es más, el hecho de que -cambiando de lado- seamos capaces de leer nuestro entorno y todo lo que nos encierra sin que incluya una sola letra de un alfabeto cualquiera, con previo aprendizaje por supuesto, me deja más convencido...

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Con todo esto de la fácil modificación de textos, he de confesar algo. Quise buscar, por seguridad, la definición de la palabra tema. La RAE, en el Diccionario Panhispanico de Dudas (que recomiendo mucho consultar), tiene varias cosas que decir. Pero me han quedado muchas dudas al respecto. Puede que mi corta tesis se vea amenazada, al no estar seguro de lo que, sin temor alguno, defendí en un principio. me vi tentado, y he aquí la confesión, a modificar toda la entrada y salirme por la tangente, pero decidí no hacerlo. La muestra es que dejé intacto el primer párrafo, a excepción de un cambio en cursiva, para resaltar el atrevimiento y lo prematuro de mi idea. Y ahora, tras una muy breve reflexión, me llegó la idea de siempre: poner en la famosa lista que voy a investigar el "tema" del tema, únicamente desde el punto del concepto, para no extenderme. Siempre me he inquietado esa palabrita y lo que ella guarda, pues en mi sueño cursi de ser escritor, me veo a menudo sin una idea para escribir, pues no encuentro eso, precisamente un tema. De manera pues que ya voy acumulando cosas para hacer, las cuales, si se me permite decir, me dejarán, al menos en principio, la satisfacción de que los temas no escasean... aún. Nos vemos, y disculpenme por las ideas confusas, pero a veces llegan sin saludar, no se limpian los pies en la alfombra y fuera de eso forman desorden y se van sin dar las gracias, aunque a la hora de la aguapanela, en ocasiones son las ideas que perduran.