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domingo, enero 17, 2010

Tercer experimento de escritura sin mente

Hay un pelo en la barra espaciadora de mi teclado. Había un pelo en la barra espaciadora de mi teclado. Lo he quitado. Ya no está. Ha desaparecido en algún rincón del suelo. Ahora puedo concentrarme en el teclado. Estoy usando un teclado de marca Microsoft. No agrego ningún link de Microsoft porque no es de manera alguna necesario. Estoy de acuerdo con lo que acabo de escribir. Intento nuevamente escribir en tiempo real. Soy consciente de que probablemente esto se haya hecho antes. Lo de escribir en algo que yo llamo escribir en tiempo real, y lo de utilizar únicamente puntos seguidos. No es algo que me preocupe mucho ahora. Acabo de incluir la primera coma de este texto. No es una falta muy grave, aunque podría haberlo impedido. Ahí va la segunda coma que dejo pasar a este texto. Espero que esto no se convierta en un veraneadero de comas, porque créanlo ellas o no esto no es un veraneadero de comas. Oh, una coma más. Y otra recién llegada. Esto ya comienza a inquietarme. Por lo menos hay más puntos seguidos. Al ser este un texto auto referencial y escrito, según mi perspectiva, en tiempo real, puedo detenerme un momento y contar los puntos seguidos hasta ahora. Para añadir algo de información, cuando yo arbitrariamente hablo de escribir en tiempo real me refiero a hacer explícitas mis ideas y decisiones que tomo sobre el texto al momento de escribirlo. Así, cuando por ejemplo expreso que puedo detenerme un momento a contar el número de puntos seguidos que he incluido hasta el momento en este texto cuya frase actual ya se está extendiendo más de lo debido sin coma alguna, sugiero al lector que, en el momento de escribir este conjunto majadero aunque divertido de palabras, tomé la decisión de contar, en efecto, el número de puntos seguidos que he incluido hasta ahora, el cual ha aumentado desde la primera vez que mencioné mis intenciones de hacerlo. Van, por ahora, si la herramienta de buscar del Word 2007 no me engaña y si la he usado bien, van hasta ahora 25 puntos seguidos. 26 puntos seguidos. 27, con este que acaba de llegar. No pienso contarlos más, me centraría mucho en ellos y eso sería muy estúpido para lo que pretendo con este texto. 28: ahora sí, lo prometo, no cuento más, a pesar de que, pensándolo mejor, este texto ya tiene de por sí muchas estupideces. No es nada contra mí o algo parecido, así que no se preocupen por mí los posibles lectores terapeutas. Vaya, ahora que me detengo físicamente (me detengo físicamente y hago aparecer por primera vez los paréntesis en el proceso, profetizando [acabo de crear el futuro y sé lo que digo] que no será la última vez que lo haga), veo que el bodoque se está haciendo extenso, lo que hace probable la posibilidad de que este texto sea difícil de leer, como suele suceder con los textos de párrafos muy grandes. Cuando esto pasa, y si no se maneja adecuadamente (como sí lo habrá hecho Gabo) el texto se convierte en un marisma de información, cosas que recordar, subtextos, intertextos, pretextos, contratextos, ideas y afectos, un bombardeo seguido para el cerebro y los ojos, y que puede representar un peligro para el mismo texto. Peligro de abandono, para ser exactos. Debo admitirlo: este texto me está dando mucha diversión y no me quiere soltar, y no se por tanto si este párrafo va a crecer sin mesura (me gusta la palabra mesura, sobre todo cuando lleva el prefijo des-) para convertirse en un monstruo gigante y abandonable. ¿Será ese el reflejo o la proyección de un miedo propio? ¿Miedo a verme yo abandonado si alguien abandona lo que con perversos esfuerzos he realizado aquí? Diablos, ahora aparecieron los signos de interrogación. Y en dos pares. Y ahora que me doy cuenta la puesta en escena de los famosos jorobados no hace sino evidenciar que esto se ha vuelto un veraneadero. Y no sólo de comas, esos apuestos e inteligentes jovencillos cuya presencia en la escritura es importante y en extremo inevitable, pero que quería evitar aquí por tratarse de una especie de juego, no muy original pero sí necesario por el hecho de haberme dado cuenta de que yo no lo había realizado y que deseaba hacerlo, si no de (rayos, lo anterior necesitaba un buen paréntesis que, por lo visto, llegó tarde y apareció aquí, en el momento menos oportuno y cuando más puede y quiere complicar las cosas... como si el párrafo dantesco no fuera ya un problema para el pobre lector o lectora que tuvo el desconcierto de leerme [porque si de algo estamos convencidos es de que el texto escrito con ínfulas de ser incluido en el ámbito literario es, en la mayoría de los casos, un referente autobiográfico, lo que hace que afirmar que me están leyendo alcanza, al menos en mi subjetivo y dudosamente humilde concepto, es algo válido y poco discutible]... como decía [oh, te damos gracias puntos suspensivos, por tratar de ayudar a desenredar las cosas entre el lector y yo con tus oportunas intervenciones ante el ataque repentino de estos corchetes], como si no fuera un problema para el lector o lectora que me esté leyendo ahora [no me disculparé por la redundancia; han de conformarse con el señalamiento que hago de la misma] el lidiar con un párrafo tan inmenso [y con un número creciente de corchetes dentro del gigantesco paréntesis que, para añadir, son cada vez más extensos, lo que agita más las cosas] que puede hacerle pensar en un acto decididamente intensional, adrede y a gusto [como el error de ortografía que acabo de dejar palabras atrás, y que señalé de la misma forma por dos razones: una, que cometí la falta de ortografía en la palabra señalada por mero error humano, por lo que decidí que debía hacer notar que ese error sí tuvo un origen no intencional, cosa que estoy aclarando ahora, y segunda, porque, tal y como el lector o lectora que me sigue acompañando en estos momentos de turbio enredo textual habrá podido darse cuenta {y añado este par de llaves para declarar que me perdonará el lector si con lo que estoy expresando puedo hacerle pensar que quiero hacerle sugerir que dudo en ciertos momentos de su inteligencia, pero precisamente a estas bajuras del partido no pretendo ser muy amable que digamos... caramba, ¡El querer no me lo permite!}, puedo hacerlo porque me da la gana] de extender este párrafo lo más que se pueda, incluso si su escritura se dificulta por la cantidad enorme de conexiones que debo cuidar, las veces muchas que tengo que irme atrás en partes específicas del párrafo para conseguir un grado mínimo de elocuencia y coherencia en todo este descarado embrollo, las acotaciones nuevas que van llegando todas de golpe [acabo de mentirles, pues las acotaciones aquí llegan en cascada] y... bueno, la revisión continua en busca de errores ortográficos, puntuación e incoherencias que realizo constantemente cada dos o cinco líneas que emergen de mis dedos, que provoca el olvido de más razones por las cuales me es difícil escribir y mantener un párrafo tan disparatado y enorme, dudosamente original como he mencionado antes, pero estimulante de alguna manera para el que escribe... Ahh, sí, el esperado cierre del paréntesis más inoportuno e imprudente que he permitido, que llegará a ustedes en el instante inmediata y milimétricamente posterior al final de la escritura de la palabra ya)... bueno, ya lo vieron, esto se volvió un veraneadero y un descaradeadero de toda clase de signos de puntuación, un patio de juegos y bromas saladas, una sala indefinida de descanso y una fuente de burlicia enorme. Y lo único que pude hacer fue integrarme a la fiesta y seguirles el juego, haciendo un uso juguetón y malicioso de las palabras, inventando conjugaciones y neologismos (como aquel hilarante personaje del cuento de Baldomero Lillo), verbizando y adjetivizando sustantivos, infestando el texto de adverbios con intenciones de generar enredo, gerundiando por aquí y por allá como un poseendo por los espíritus de los gerundios ([NO HAN DE TEMER: LOS PARÉNTESIS Y CORCHETES DEMASIADO LARGOS NO VOLVERÁN, ¡PORQUE ASÍ LO DICEN LOS SIGNOS DE ADMIRACIÓN!] ese último lo inventé justo después de señalar el uso abundante de gerundios que, aunque he tratado de evitar en este párrafototote, se me han colado y juntado al desorden) y permitiéndoles el enredo del paréntesis henchido de corchetes y un par de llaves.

Y todo por un pelo en la barra espaciadora de mi teclado.

Menuda forma de darme fin.

Qué "original"...

Pero qué entretenido, no me canso de afirmarlo.


Y sí, todo por un pelo.



De la barra espaciadora de mi teclado.




Y digo "mi teclado" cuando en realidad, en el momento actual en el que vivo, no es sólo mío.





Qué descarado.






Je ne t'aime plus, concepto bobo de escribir en tiempo real.







No, no es cierto.

martes, noviembre 24, 2009

Lo lo malo y lo bueno de "pasar derecho"

La fuente motivadora de este escrito la hallé en aproximadamente 50 horas casi consecutivas (tal vez más) despierto, con apenas unas tristes esquirlas de sueño de una hora u dos que no sirvieron de mucho. No es lo que se podría llamar una hazaña espectacular —Conozco gente que ha pasado en vigilia por cinco días—, pero he de comentar que fue algo difícil, y aunque no fue algo tan desagradable la mayoría del tiempo, si hubo momentos en los que habría preferido quedarme enterrado entre mi cubrelecho antes que experimentar algo como pasar derecho tantas horas. Las razones que me llevaron a tal acto medio estúpido no importan mucho ahora; me queda por lo menos el solaz de haber escrito un poco, a costa de mi salud lo sé, pero con un pequeño producto entre manos al final de todo.

Este texto lo escribí hace poco, a eso de las 2 y 30 de la mañana, minutos antes de romper el hechizo de no poder dormir. La transcripción del texto desde el papel está casi “cruda”, es decir, apenas hice algunas correcciones de estilo y gramática, con el ánimo de que pueda apreciarse la clase de cosas que un insomne accidental escribe cuando la mente exige sueño pero la mano pide un informe de la locura que se ha vivido. Tal vez me dé la gana de ampliarlo y hacer una versión más trabajada.


(Lo malo y lo bueno de “pasar derecho”)

Lo malo de pasar dos días durmiendo precariamente, es que te das cuenta de lo largos que son en verdad los días, y de cómo es tan vasto su territorio que tus recuerdos de esos días de vigilia casi constante se fragmentan y se pierden. Y aunque olvidar no es una actividad despreciable, por desgracia la selectividad del azar actúa en tu contra, y sólo te deja el pensamiento más angustiante: el de estar viviendo las horas del lado prohibido, y ser consciente de ello, sufriendo (sin sufrir realmente empero) por la verdadera longitud del tiempo; ¿Una muestra de lo eterno quizá? Suena exagerado, pero de ser verdad, sólo basta que intentes dormir menos de 4 horas (repártelas como quieras) en tres días, para darte cuenta que los seres humanos no estamos listos para lo infinito.

Lo bueno de dormir muy poco en muchos días, o más exactamente, de pasar una cantidad de horas en exceso sin dormir, es la esperanza de poder abrazar el sueño, esperanza que se transforma en deseo (aunque a veces pienso que son la misma cosa) cuando el dormir se vuelve una realidad cada vez más aplazada, y que va aumentando según se consolida la demora, hasta convertir la sola espera por encontrar una cama en una fuente de placer, fuente peligrosa en horas de fuerte vigilia, pero de recompensa sabrosa.

sábado, octubre 24, 2009

Segundo experimento de escritura sin mente

Debo aceptarlo: traté de hacer trampa. A pesar del frío que tengo en las manos y en el cuello mientras escribo estas tabacadas, ya había estado pensando desde hace rato que quería escribir. Por fortuna (o por desgracia, todo depende de la óptica con que se mire el asunto dicen los que saben), mis ideas, cuando no las atrapo con una nasa o no las meto en el frasco directamente, se diluyen o se escapan, como si fueran reinas de su destino... malditas... Creen que pueden andar por ahí sin mi permiso, y que pueden pulular por los márgenes de la existencia sin consultármelo... Qué va, ya estoy comenzando a divagar; a ellas, a esas ideas que no se formaron en nada ni en nadie, qué va a importarles esa mierda de no existir... mejor para ellas, no tienen que tomarse la molestia de tomar una forma y despedazar una fracción del espacio y del tiempo con su presencia, que bien puede o no ser apreciada, querida, escrutada, analizada, mandada al carajo, a otro lugar de la existencia donde coexistirían con las ideas rechazadas... no, existir con semejantes riesgos hace que valga la pena estar allá, en ese formato tan cómodo que es el de no ser nada, no saberse iluminadas por esa vaina tan incómoda que es la mente de las personas... A veces veo las ideas que sí tocaron la luz, que les tocó conformarse con su pedazo de existencia entre un guetto digital como éste... y me pregunto, tal vez como parte de este anticuado ejercicio, tal vez por joderme, si ellas, de tener conciencia y criterio (Aunque no creo justo dudarlo a estas alturas, valga el deseo de alucinación), no querrían volver a ese estado envidiable de no-ser, de flotar en un delicioso estado de clara inoperancia vital... y a merced de las miles de páginas que imagino yo que habrán usado miles de filósofos para ladrarse unos a otros estos problemas, debo afirmar que ese posible deseo que puedan tener mis ideas de no querer existir, de flotar aun en la materia gris o en espacio beige sin conocer su forma final, es algo que no despierta en mí la más mínima piedad hacia ellas. Es que no despiertan ni lo más chiquito de lo que católicamente posría llamarse misericordia.

Qué pesar con ellas. Pero que se jodan. Las condenaré a todas a vivir, malditas resbalosas.

¿Por qué escapan de mí cuando las necesito? ¿Por qué no me explicaron sus deseos de no violencia al no querer vivir? Las dejaría tranquilas, buscaría en otras partes, resistiría el deseo de tener que conseguir un estúpido tema para jalarle las pelotas a la atarraya, no sé, de pronto solo agarraba a una de ellas, le pediría que se sacrifique en nombre de las demás y le exprimiría todo el jugo, todo lo que me pueda dar de sí, sin tener que molestar a las otras, para que se quedaran en su júbilo de inexistencia... o de pronto me las ingeniaría para escribir sin un eje central, si un apoyo figurado en un concepto, tal vez me habría funcionado.

Pero no... Ellas no quisieron. Se resistieron, escaparon a la mínima oportunidad. Tejieron poco a poco en mí una sensación de impotencia, y me valí de ese tejido para hacerme un complejo de furia... Por eso les digo, ideas mías: Prepárense, no se duerman, busquen refugio, porque cuando necesite de ustedes las buscaré, me apropiaré de ustedes y las llevaré a esa luz que tanto odian. Estúpidas. Conmigo se jodieron. Todas y ninguna.

Esto solo yo lo sabía, pero quiero hacerlo saber: al final no hice trampa, y surgió mientras realizaba este ejercicio una idea diferente, que hube de desarrollar sin temores. ¡Ya lo vieron, no he perdido todavía el deseo de acechar!

martes, octubre 20, 2009

¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?, Partes III y IV

III



Hace un tiempo se celebró en la ciudad un festival de Jazz, de acceso gratuito y muy buenos invitados. Fue todo un éxito de belleza musical. Mucha gente estuvo dispuesta a pagar el único precio que el festival tuvo: la temprana asistencia a los lugares, para evitar quedarse sin ver y disfrutar. Yo fui uno de ellos: en el segundo y en el tercer día, faltando una hora y media, ya estaba rondando por los alrededores del teatro, acechando un buen puesto —lo cual estuvo muy bien, a juzgar por la cantidad insana de personas que asistieron masivamente—. La verdad no pensaba otra cosa, solo quería entrar. Entré y lo disfruté muchísimo, fue mi momento, mi Nirvana (¿O mi Jazzvana? lo sé, me encantan los juegos tontos de palabras…). Cuando todo terminó y salimos, una amiga nos contó que durante el concierto había sentido orgasmos múltiples. Nos reímos, pero con eso comprendí que esa fue su experiencia. Puede que ella no la buscara como tal, que aquella no hubiera sido su razón para estar allí, pero esa fue. Puede que para otras mujeres la experiencia haya sido más espiritual, más sensorial, no lo sé. Pero es probable también que no hubieran ido por eso; tan solo querrían salir a alguna lado, como todos los viernes, y algún amigo o pretendiente las habría invitado al concierto como parte de una serie de actividades para la noche; les habría insistido en que salieran un rato a ver algo nuevo y luego, más tarde, a tomarse unos frappés o unos cocteles, y luego a bailar en alguna discoteca vía al aeropuerto; o tal vez querían conocer a alguien interesante o ver a una celebridad local o al alcalde, por puro e insensato aburrimiento; tal vez no querían ir pero tuvieron que hacerlo porque al novio sí le gusta el jazz o le causaba curiosidad, y se hubieran sentido culpables, o sus parejas las hubieran bombardeado de reclamos de no haberlos acompañado; o tal vez sí hubieran ido por convicción propia, porque ya habrían conocido el Jazz por medio de algún amigo o por los milagros de alguna emisora alternativa y hayan visto en ese concierto la oportunidad de tener una experiencia viva con esos ritmos que ya aman...

No lo se, no lo se y no lo sé.

Así que lo acepto, me perdí en el laberinto: no sé que le puede ver una mujer a un concierto de Jazz. Solo podré suponer que, para muchas de ellas, el Jazz es un encuentro: con ellas mismas, con el mundo de los sentidos, con el relleno de un tiempo libre que no supieron usar de otro modo. Tal vez lo odien, tal vez lo amen, tal vez lo gocen, tal vez quieran estar en otro lado, el caso es que, como mínimo y casi sin darse cuenta, son consecuentes con el Jazz. Van con una idea concreta, desprevenida y desposeída de una intencionalidad profunda, y luego el Jazz les llega, a las buenas o a las malas, como mínimo de forma imprevisible, sin planes absolutos de lo que sucede; solo son oídos, ojos, notas en el cerebro, almas cubiertas de ritmo. La improvisación de las emociones.


IV


Uhmmm… no se qué mas decir, se me acabó el soporte, se me aflojaron los engranajes. Me aventuraré a improvisar. Ahí va, Un-dos-tres-cuat: las mujeres van a verse a sí mismas convertidas en notas musicales. ¿Que son las mujeres el Jazz? Puede ser, al menos su naturaleza así lo muestra. Yo adoro el jazz, y no quiero vivir sin él. Preguntémosle, en nuestros pensamientos, a Charlie Parker, si no estaría pensando en una mujer cuando tocaba su música. De seguro que el nunca pensó en notas o pentagramas, eso es lo que creo.

sábado, octubre 17, 2009

Nota sobre el escrito '¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?'

A pesar de que me daba algo de pereza conceptual y digital hacer esto, quiero aclarar que el hecho de haber decidido publicar este escrito por partes de la misma forma que hice con el de la libreta y las velas, no hace parte, al menos luego de una reflexión minúscula pero bien lograda, de un intento por hacer rendir el mismo para tener más entradas en el blog (aspecto que a la larga no importa mucho, lo que hace que esta nota carezca de valor, pero como eso importa menos, y como este blog es mio y puedo hacer con el lo que me de la gana, y como lo que hago lo hago siempre sin ánimo de ofender pero sin sentirme culpable si lo hago de todas maneras, dejo la explicación con vida).

Considero que al ser este un escrito de menor tamaño, la mejor idea hubiera sido publicarlo en una sola entrada; he tenido, sin embargo, problemas miles cuando intento pasar las partes desde Word 2007 hasta la caja donde pego el texto para crear las entradas: cuando le daba clic a Publicar Entrada me aparecían mensajes de error con letra blanca y fondo rojo que alegaban no permitir ciertos scripts que venían del formato que Word 2007 le dio al texto cuando se creó el archivo para albergar el escrito. Este incómodo percance, sumado al hecho de que estoy revisando y dando ciertas correcciones y modificaciones medianamente concienzudas a cada una de las partes que conforman el escrito, fueron la razón que me movió a decidir la publicación del mismo por partes, precisamente las mismas partes que el escrito tenía divididas ya antes de tomar la decisión de compartirlo con quien o quienes encuentren este hueco en la atarraya y le presten unos instantes de su valiosa y muy efímera atención.

A ellos, a los que no se asustan demasiado o no se aburren hasta morir con mis escritos, va dedicada, de forma curiosa, esta nota informativa.

¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?, Parte II

II



No quiero que se me acuse de bribón —Y espero que tampoco se me tache de acometer falsas modestias—, así que quiero declarar que no soy ningún experto en lo que se refiere al Jazz; solo he escuchado al camaleón sonoro desde hace algunos años, y he leído una que otra impresión o percepción en revistas o en la atarraya. Y sí, escuché muchas veces el programa de Roberto Rodríguez Silva cuando todavía la HJCK se podía encontrar en la radio FM, y sí, he buscado y escarbado nombres de subgéneros, de músicos famosos, aspectos de la historia del Jazz, retazos, ideas variadas. Pero eso no me convierte en un conocedor del Jazz, en lo absoluto. Ni más faltaba. Y eso es una ventaja, pues me permite ser más abierto a las nuevas formas que cada día va adquiriendo este ser que parece vivo. Y de esta forma se que todo lo que yo viva con el Jazz es algo mío; mi vivencia es mi tesoro, la formación y recreación de mi mundo, lo que por sí mismo me parece ya muy valioso. Me imagino que aquellos que también son tocados de alguna manera por el Jazz tienen también sus formas propias de disfrute. Y eso está bien, porque este arte sonoro es, desde el momento en el que el músico comienza a improvisar, una declaración de individualidad, de algo de egoísmo: por más rara que suene esa palabra última en este contexto, su presencia en la comprensión del modo de sentir de un amante del Camaleón Sonoro es algo inapelable. Porque el egoísmo (sea secreto o no, poco importa) de quienes aman esta música y la perciben a su modo es algo fundamental, es sano, es básico. Y es algo que se debe dar tanto en hombres como mujeres, si es que quieren tener una buena Experiencia Jazzera. O eso es, al menos, lo que quiero y me permito pensar. Y claro, por fortuna esto no es lo único que pienso del asunto.

viernes, octubre 16, 2009

¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?, Parte I

Pues sí, después de más de un año, volví. Dejo ahora, por partes, un pequeño escrito que fue parte de un reto con un amigo, que —no sobra decir— gané sin muchas discusiones. Más adelante hablo un poco de aquel evento.



¿Qué le ve una mujer a un concierto de Jazz?


I


Se dice que los seres humanos tenemos derecho a quejarnos, así que espero que no les sorprenda si inicio este despropósito de texto con una queja, que no es otra cosa sino el ejercicio de ese derecho tan conveniente para todos. Y es que desde un principio supe que me estaba poniendo en una situación espinosa con esto. Hablar de las mujeres, sea cual sea el color, el sabor o la textura del tópico es, para mi concepto (o para mis miedos latentes, no tengo muchas ganas de averiguarlo ahora), un asunto peliagudo, en cualquier parte del universo y en cualquier momento de la historia de nuestro desprotegido género masculino. Hablar de Jazz (del género musical, que no del juego tradicional colombiano, valga la aclaración y el malogrado chascarrillo) no es menos complicado: se necesita mucho tiempo de entrega a su escucha, análisis y comprensión para poder decir algo más decente y sincero que los lugares comunes del estilo de “Cielos, Coltrane es bueno y Parker y Monk y Taylor también”, y al mismo tiempo se necesita ser lo suficientemente despreocupado como para no creerle a ningún crítico cítrico, ni dejarse llevar por pedantes demostraciones de saber académico de unos cuantos melómanos, a riesgo de perder la sensibilidad por ése tema que nos gustó porque sí, porque nos llegó a donde nos debía llegar. Ahora bien, sumemos ambos temas, y tendremos un laberinto sin cómodo regreso. Ahí me metí yo, sin más hilos de Ariadna que los de la opinión, y más asustado que una vaca camino al matadero. Y todo por aceptar ese reto. Pero no importa, de todos modos vale la pena intentarlo. Además es posible que mi contendor también haya tenido esa angustia que tuve. O puede que no, que solo yo la haya sentido, cosa que tampoco me importa, pues ya tuve mi desahogo. Gracias por comprender, o al menos por no dejar que la furia los carcoma y se les reviente una vena de la cara por leer mis quejas.

jueves, junio 26, 2008

La libreta y las velas, parte VIII

VIII

Anuncio en tiempo real que mi tiempo en este lugar esta por acabar. No hay indicios de ser rescatado por algún cliente inesperado, así que la idea del abandono se refuerza. Además ya estoy cansado. Ya fue suficiente. No hay mucho del entorno que contar aun cuando hay mucho del entorno que contar. Ya no quiero, no necesito lo haría por capricho (y eso implica que aparezca escrito algún evento externo destacado) pero aparte de eso ya no me da la gana. El cafetillo éste se está desocupando, y eso que es temprano. Eso apaga las esperanzas de rescate, pero no las elimina del todo. Hasta la última línea conservo la expectativa. Si no sucede nada, no me quejo. No he perdido mi tiempo. Tengo material para mi blog, y ejercité la escritura. Me siento bien con ello. Nadie aún. Puedo irme a mi casa tranquilo (aunque con cuidado, a esta hora no suele ser muy segura esta zona), con mucho para transcribir y editar en el procesador de texto, y con las ganas abiertas de seguir moviendo las manos para crear vida escrita. Nadie se asoma. Hace rato terminé mi último tinto, así que me voy, me voy y me voy, porque tengo que irme, si no, no me iba, pero tengo que hacerlo, con más razón, luego de haber escrito este juego de palabras tan estúpido. Nadie llegó. Lástima. Vaya, 21 páginas de libreta. Adiós y adiós, el ejercicio se acabó. El tiempo que fluye ya no se impone en las letras de esta libreta. Tengo cansancio. Nadie, carajo. Tengo cansancio y una sensación agradable, como cuando una muchacha se queda mirándome, y no me doy cuenta pero mi cuerpo sí lo percibe, y me dan como cosquillas. Ya creo que es hora. Nos vemos.

La libreta y las velas, parte VII

VII

Cuando fui al baño y esperé a que lo desocuparan, hice un paneo rápido en busca de algún conocido y algún puesto vacío. Contemplé la posibilidad de ocupar el hipotético asiento, guardar la libreta y dejar este intento de crónica en este estado de congelación. Nada, solo alguien que se parecía a alguien, dos muchachos que se parecían a otros dos muchachos, y ya. No me sentí mal, pues en ese momento ya me estaba aclimatando. Sin embargo, pude ver en ese paneo (que abarcó una buena parte del cafetín, no, casi todo el cafetín) los micromundos, las islas en lugar de mesas, con los clientes hablando de lo que sea, en completa independencia de su medio, solamente abriendo la entrada al pedir una cerveza o al llegar algún amigo des espacio exterior, cerrándolo de inmediato para seguir con la rochela. Me di cuenta que no había diferencia entre ellos y yo, incluso si estoy solo (¡estoy todavía solo!) y con una libreta fea, anotando carajadas. El micromundo que tengo tiene lo que necesito; no me incomoda lo que haya allí afuera, ni las risotadas, ni la música en volumen anti tertulia, ni el olor estúpido a cigarrillo, y solo marcará mi final el hecho de que ahora no tengo más dinero y que sin tinto comenzarán a verme feo y a ignorarme, presionando, sin ellos saberlo, para que me vaya de aquí… aunque se que esto no solo me pasa a mí, pues a cualquiera de los habitantes de estos micromundos les puede ocurrir que sus créditos para suministros se agoten, y se tengan que ir de esta galaxia, donde correrán el riesgo de quedar ‘desparchados’. Jeje, interesante.

sábado, junio 21, 2008

La libreta y las velas, parte VI

VI


El plan funcionó, a pesar de que olvidé pedir el tinto antes y a pesar de que ahora tengo la impresión de que no hubiera sido necesario; nunca lo sabré, no importa ya. Tuve que esperar poco para entrar al baño y hacer de las mías, pero tuve que esperar más mientras mis manos se secaban, odio escribir con las manos húmedas, a rato se siente todo el entorno pegajoso, y si escribo a mano, la humedad se filtra en el papel y comienza la tinta a correrse, desplegarse y dejar el papel cochino y desagradable, digno de la anotación típica del profesor de primaria sobre el trabajo a manos que se entrega cochino: ‘aseo’ o ‘cuidado con el aseo’. Bueno, todo ha vuelto a una normalidad temporal, fabricada desde mi llegada al cafetillo. Mi segundo y último café ha llegado. La dulce mesera no me miró mientras le daba las furtivas gracias (debe ser por lo furtivas), y de nuevo me encierro en el ciclo de voltear la libreta cada que lleno una página de acelerados garabatos. Sí, ahora estoy cómodo. Este ejercicio es muy interesante. Puedo sentir que de alguna forma me importa un plátano estar solo, y si bien podría parar y guardar la libreta si llegara alguna amiga o alguno de los muchachos, no tengo problemas si eso no pasa. He logrado la microadaptación en un lugar pésimo para escribir. Qué viva la impulsividad.

miércoles, junio 18, 2008

La libreta y las velas, parte V

V


Tres Cuatro Cinco eventos destacados:

1) Ya tengo mi vela personal. Ahora es más cómodo escribir, pues con la mano derecha puedo sostener mi libreta. A veces hay que abrir el hocico y decir las cosas, expulsarlas, hacer que nos defiendan.

2) Por fin entra un conocido al cafetín éste. Me ha saludado y hemos conversado un par de minutos, él de pie, yo aplastado en la silla. Hablamos del fenómeno de los abrazos gratis y de la Feria del Libro. Luego se despidió y se sentó con los suyos, en una mesa ubicada al frente de la salida. Ahora ya no me siento tan solo, aunque a estas alturas eso no es muy bueno, porque también me siento vigilado. Joder.

3) Soy el nuevo hongo (que en el lenguaje urbano significa ‘solitario’) de este café. Se han llevado ya las dos sillas que acompañaban a la mesa-y a mí, de paso-, lo que quiere decir que ya se dieron cuenta. Nunca estuve esperando a alguien, a pesar de que en estos momentos aun conservo la nimia esperanza de que alguien, me conozca o no, llegue y le arranque una silla a otro para sentarse a hablar conmigo, y que todo sea por su cuenta, así que creo que estaré solo por lo que me queda de tiempo y moneda. Por fortuna tal cosa ya no me importa mucho.

4) Regresó la electricidad, y trajo por vez tercera la cortina de música, y nuevamente el volumen está un poco estridente para mi gusto. La doña luz llegó a los 4 minutos de haber llegado la vela, y cuando estaba yo más embebido en la escritura en tiempo real, la boca de la dulce mesera generó viento frente al fuego de la vela y le mató. Me di cuenta de ello porque los restos que colgaban en el aire me entraron en los ojos. No me pasó nada, gracias a los dioses.

5) Estoy en un estado de emergencia creciente. Tengo ganas de ir al baño, y como estoy solo, si me levanto de la silla las aves rapaces que tengo al frente, al pie de la entrada de esta sección del café, me quitan la mesa y sanseacabó, me tendría que ir, y no quiero aun porque hace mucho que no escribo sino para lo necesario, y me siento bien añadiendo letras vagabundas en la libreta barata, y a pesar en el sudor en las manos y la vejiga haciendo pucheros, quiero seguir y tomarme otro tinto o lo que sea, maldito frapé, por su culpa me encuentro en esta encrucijada. ¿Por qué lo pedí, carajo? Tengo que pensar en una estrategia… Ya se. Pido otro tinto, aprovecho que el conocido todavía está echando carreta y se puede estar quedando otro rato para que me cuide la maleta y la mesa, y voy rápido, me descuelgo y regreso poderoso, recupero mis dominios y sigo con el tinto. Es un buen plan, veremos cómo va.

miércoles, junio 11, 2008

La libreta y las velas, parte IV

IV

Parece que aun no se han dado cuenta de que probablemente el único señorito de todo el maldito café que necesita una vela prendida en la mesa todavía no tiene un ejemplar a su lado derecho (si la ponen al lado izquierdo se puede caer). Es culpa de mi crianza: mi padre no pide a gritos las cosas cuando no se las traen a tiempo (al menos en cuanto a los restaurantes), solo se queja con los que le acompañan y al final dice que no vuelve a “ése sitio donde son tan groseros”. Me pasa igual, aunque yo no me quejo con otros, total, es mi responsabilidad si no me quejo. Supongo que en ese caso debería haber buscado una forma de llamar la atención menos extraña que la de ahora, iluminando la libretita con la linterna, escribiéndole encima, desesperado. Si la hubiera pedido hace un rato ya la tendría en estos momentos en mi mesa, y entonces ya no tendría que escribir sobre esto. Bah, no me importa, no me incomoda mucho. Bueno, tal vez un poco, pues ahora mi mano derecha se está agotando por sostener la linterna-celular y está sudando; también yo estoy sudando; la libreta se me mueve con cada rápido lapicerazo; y ahora siento que los presentes me miran a hurtadillas y se están burlando del loquito que escribe y escribe como un loquito. Anuncio en tiempo real, señoritas y señoritos (tanto por condición como por convicción), me estoy cansando. Cansando y temblando. Voy a pedir una vela, carajo.

lunes, junio 09, 2008

La libreta y las velas, parte III

III

You know that it would be untrue
You know that I would be a liar
If I was to say to you
Girl, we couldn't get much higher
Come on baby, light my fire
Come on baby, light my fire
Try to set the night on fire…

Ahora me detengo un momento para presenciar con mis oídos el solo de teclado de Manzarek.

(…)

Mientras pasa la canción, me doy cuenta que el estéreo de la canción es fiel a la sesentera costumbre de separar los instrumentos entre los dos parlantes, y eso hace que el solo de guitarra o cítara (o de guitarra simulando cítara, no lo sé) esté mostrándose al otro lado del café, y solo pueda escuchar un tenue sonido de psicodelia desde mi asiento. En la mitad del segundo solo, la electricidad se rebeló de nuevo y se fue llevándose a los Doors con ella. Como hace rato que se habían llevado ya las velas, confiados en que tendrían una luz juiciosa, estoy en estos momentos escribiendo estas líneas con la luz de la linternita de mi celular. Nunca me has fallado… gracias, N**ia 1108.

En las mesas del fondo detrás de mí y como a dos metros y medio, un grupito disidente del silencio hizo sonar una musiquita de emergencia, con un aparatito que jamás veré. El toque de música industrial se ve extraño aquí, pero al menos hay una cortina. Uhmmm… afuera todo se puso muy oscuro, parece que un apagón se hubiera devorado media ciudad, y ahora me da miedo irme. Solo si me entra el espíritu aventurero salgo a la calle, con la luz de mi fiel celularcito y la de los carros y motos que no dejan de pasar ni con los apagones. Si eso no pasa, pido otro café.

sábado, junio 07, 2008

La libreta y las velas, parte II

II

Antes, el problema era la ausencia; ahora es la exageración. Le han sabido subir el volumen a esos condenados parlantes, como si todos aquí estuviéramos internados en una selva, a varios metros de distancia de los bicharracos ésos… he de agradecer que al menos no se ensañaron tanto como otras noches… caramba, serán sordos y odiarán la voz baja estos (in)eficaces…

Ya han pasado varios minutos, y cada vez me voy sintiendo más solo. Tengo ganas de irme a mi casa, pero ya no puedo: me acaban de plantar la taza de tinto justo en frente (y casi que en mi frente), como si me hubieran puesto un cronómetro prendido. Ni la dulce mesera que me trajo la taza se dio cuenta de lo solo que estoy… o tal vez sí, no le importará… ohh, pobre yo… bueno, basta ya de autocompasiones, no sirven ni para un día de permiso en el trabajo.

jueves, junio 05, 2008

La libreta y las velas: introducción y parte I

El siguiente texto lo escribí el 4 de junio de 2008, al nacer la noche. Me divertí como enano escribiendo, pues no recuerdo haber hecho algo semejante. No me he inventado nada nuevo en torno a las teorías literarias, solo ejercité la mano, pero eso es lo que me alegra... El texto tiene 8 partes; conforme vaya dejando la pereza, iré transcribiendo cada parte y la iré subiendo, cada una en un nuevo post. Subiré las partes con apenas algunas correcciones, por lo que si alguien tiene alguna observación, juicio o querella con respecto a las partes que vayan apareciendo, lo puede comunicar en tranquilidad, vamos, que no muerdo. En cuanto tenga todas las partes en el blog, haré un nuevo post con el texto completo, con revisiones, añadiduras y lo que se enrede en el camino. Nos vemos.



La libreta y las velas (título tentativo)


I


Algo bueno que he notado de las libretitas, agendas de bolsillo y similares, es la capacidad de poder usarlas en cualquier parte, sin tener que verse encartado por su tamaño en el caso de las agendas grandes, sin tener que abrir la cubierta dura y sin tener que correr el riesgo de pensar en ésas posibilidades que evitan de esta forma escribir y dejan escapar miles y miles de letras con buenas intenciones, por el orgullo imbécil de no querer anotar por el hecho de tener una agenda demasiado grande para los sucesos espontáneos... Es una pena que no haya notado tal detalle sino hasta este momento, cuando me encuentro a la luz de una vela en un Café del centro (vela puesta no por el hecho de agregar el ambiente taciturno que al Café le hace falta sino por conflictos con la electricidad, pero que en la noche de hoy le sienta de maravilla), con un frapé al lado derecho y completamente solo (vaya que puede uno sentirse solo aun con las gentes por todos lados, como si fueran ratones con queso), y me dieron ganas de escribir acerca de lo que estaba percibiendo en el cafetín de siempre con espermas en lugar de focos, por la ausencia de luz eléctrica; la sensación es... uhmmm... volvió la electricidad, y ahora el lugar parece lo que parece siempre, un restaurante familiar con ambiente tradicional (escribir en tiempo real es extraño, y más cuando el norte del texto cambia conforme el entorno también cambia), y ahora que la música cambió de lugar con la ausencia de luz, tenemos eso, el vacío sonoro, ése que se siente raro, como si se necesitara una "cortina" y no se tuviera cuando se necesitara... y ahora la música vino un rato y volvió a irse, y su partida parece sincronizada con la llegada de un hombre extraño, que repartió unas hojas por las mesas de atrás, pidiendo colectas sobre qué se yo (no leí lo que había en el papel, solo se lo devolví al señor), incomodando a los dueños del Cafetín y algunos de los que estamos sentados, solos, escribiendo cosas en tiempo real en una libreta barata -muy barata, agrego-, sobre una mesa del tal Café.

sábado, julio 07, 2007

Primer experimento de escritura sin mente

¿De qué trata el experimento de escritura sin mente? Sencillo. Simplemente escribo lo primero que me llegue al encéfalo, pero a diferencia de los columnistas (vaya comentarios ácidos...), mi intención es crear algo demente pero conciso. Podría ser, desde un principio, algo que va en desacuerdo a una escritura sin mente; sin embargo, mi idea es ser coherente con las palabras, incluso si con ellas elaboro un discurso absurdo, disparatado y sin sentido, y tener en mi texto algo de hilación. Vamos,que no pretendo hacer dadaísmo, sólo escribir sin sentido, construir una casa enorme pero sin forma, sin que ésta se derrumbe. Vamos a ver cómo nos va.


Primer experimento de escritura sin mente

Un pedazo de suela encontró en el camino. El pedazo estaba limpio, como si nunca se hubiera usado. Bueno, eso era lo que él pensaba. Si sólo había un pedazo tirado ahí, en la calle, necesariamente alguien ha manipulado la suela entera antes de que dejara un pedazo. No importa que la suela esté limpia. Hubo algo de contacto, algo de uso, no para lo que fue creada, pero sí algo de uso. Así que está equivocado. Pudo haber dicho que el pedazo de suela estaba limpio, que parecía provenir de una suela nueva con poco uso, y habría quedado bien. Pero no, tuvo que haber dicho que el pedazo ése nunca se había usado. Sí, nunca se usó para lo que había sido fabricado, pero sí se usó, vuelvo a insistir. Lo único que podría decir es que el único pedazo realmente nunca usado era su pedazo de cerebro, menudo tonto, estúpido, tarado...

No creo que tenga usted derecho de insultarme de ésa manera. Además, ¿Qué importa? ya tiré ese pedazo a la basura. Procure, a futuro, medir sus palabras, pues un día que no las mida será lo peor que le pueda pasar. No más imagine, tener que cargar todo el día con un montón de palabras mal cortadas, mal pulidas, todas puntudas. Sería muy engorroso, y no creo que usted quiera eso.

Lo que dice es cierto, tendré que medir mis palabras. No quiero sacarme un ojo con alguna, sobre todo si es una palabra como "tenedor", antena" o "acto de persignarse". Sin embargo, y saliéndonos un poco del tema, no veo la necesidad de que usted diga eso.

De acuerdo, muy bien, no vuelvo a decirle qué hacer. Sólo diré una cosa más, y no va para usted, así que tranquilo. El primer experimento de escritura sin mente no ha tenido éxito, al menos een parte. Lo que fue saliendo no tenía mucha lógica, y eso iba bien, pero me he cansado, he pensado mucho lo que estuve escribiendo y me duelen los ojos, además que me aburrí con lo que escribía, y cada vez que pasa eso, me abstengo de escribir. Puede ser algo debido más a factores externos, pero por ahora declaro que aquí se acaba esta joda. ¿Lo intentaré de nuevo? Tal vez. Solo recordaré algo para un próximo experimento, y eso que debo recordar es: elimine o disminuya los factores externos. Apestan a media sucia.